"Cuando los muertos nos visitan"

 Gloria Álvarez Valdez
por Gloria Álvarez Valdez

Mexicana en España

 
"Ya se comienza a sentir ese airecito de los muertos", dijo mi mamá la última vez que hablamos y yo dije: "si ma, me imagino" con una voz un poco nostálgica por no estar sintiendo ese mismo aire, porque aquí, aún no lo siento. Cada año, por estas fechas, comenzábamos a pensar en cómo arreglar este año el altar, si sería en toda la mesa o solo la mitad, que al final, siempre resultaba ser toda la mesa llena de ofrendas y flores, de dulces, frutas, velas, colores,  pero sobretodo recuerdos de los familiares y amigos fallecidos, para quienes preparábamos todos esos detalles.

A mi me emocionaba que llegara el 29 o 30 de octubre, ir a la Plaza del Carbón a visitar todos los puestos con los jamoncillos de diferentes figuras, cada vez más originales y creativas, oler la parafina que pronto quemaría en casa para iluminar el camino de mis muertos, ver la mezcla de colores de los papeles picados, y dejarme llevar no solo por el color si no por todo eso que significa esa flor de muerto, entre diferentes tonos de amarillo y naranja, sin dejar a un lado el morado o púrpura de la mano de león, que no falta nunca en ese altar pequeño pero significativo en mi casa.

 Llegando, mi mamá, mi abue y yo siempre nos organizamos, entre que una pone y amarra los carrizos para hacer el arco que siempre nos queda cuadrado, entre que otra va seleccionando: las flores para adornar, las mandarinas con palito para colgar de los carrizos, los papeles de colores para cubrir los palos y los picados para darle más alegría al altar, el tepejilote para poner en los florero acompañando a la flor de cempasúchil, lavando con cuidado los platos de barro para ofrendar los dulces por el momento, porque luego pone mi abuelita su exquisita  calabaza en dulce, las calaveras de dulce con el nombre de mis muertitos escrito en la frente, el pan en forma de muerto, la fruta, mole y nunca faltan los tamales rancheros, de dulce o de calabaza con camarón que a todos nos encantan. Ya armando el altar multicolor para llenarlo de vida pone mi mamá vasos de agua, hace el camino de pétalos de flores, enciende las veladoras y toda mi casa se llena de olor de copal, que delicia, ese olor característico que en los días de muerto no falta en ningún lugar, porque aunque no en todos lados lo pongan, cada vez que sales a la calle se puede sentir en el aire.

Toda mi casa se llena de misticismo, de emoción porque están con nosotros nuestros familiares y amigos fallecidos, mi mamá y mi abuelita les rezan para que estén tranquilos, extrañamente el chocolate de las tazas se comienza a terminar, la comida que se ofrenda pierde su sabor después de que se enfría, la espuma del vino blanco puesto en la copa larga se baja de inmediato que mi mamá la sirve y pareciera que alguien le toma, las mandarinas se mueven sin haber un viento que lo haga, una vez, se cayó un vaso de agua que estaba en la ofrenda, y mi abuelita sin temor, puso mas y dijo, es que era un solo vaso para todos.... es una sensación tan inexplicable que espero sentir a pesar de que esté lejos...trataré de ofrendarlos, pero no se si podrán venir, estoy muy lejos, su viaje será más largo, pero por favor no dejen de visitarme, que con amor estaré esperándolos, les prenderé sus luces para que me encuentren, pondré chocolate caliente como les gusta, les pondré sus vasitos de agua, no habrá dulce de calabaza, ni tamales, pero habrá algo de comer para que sacien su hambre, habrá en esa pequeña ofrenda cariño, nostalgia, recuerdos y mucho amor como el que ustedes me tuvieron.... con el corazón los espero, mis queridos muertos....

octubre del 2005